En enero, Peñalosa dijo que “no sería raro
que pronto tuviéramos venados en los cerros y calles de Bogotá”. Los venados no
aparecieron, pero sí se empezó a desatar una estampida que muy seguramente lo
pondrá a correr hasta tener que ocultarse en la reserva natural que hoy
pretende urbanizar.
Lo que no tuvo en cuenta el alcalde es que
mientras él solo atinaba a decir una que otra “mentirilla piadosa” o falacias
más grandes que el caos de su amado Transmilenio, ofendiendo la inteligencia de
los capitalinos, en la ciudad ya existía toda una corriente de movimientos y
personas mirando cómo se organizaban para hacer frente a lo que preveían sería
una nefasta administración distrital, cuyas banderas son movidas por la
privatización, los negocios y el cemento.
Dentro de estas corrientes podemos encontrar
a un grupo de muchachos que se han convertido en la piedra en el zapato del
mandatario, usan camisetas azules (irónicamente como el color oficial de
campaña usado por el alcalde) y promueven un espíritu de “rebeldía organizada”;
son conocidos como “Revoquemos a Peñalosa” y han tenido un trabajo muy juicioso
en diferentes flancos, sobre todo con una fuerza imparable en redes sociales;
son el principal escollo que enfrentará el mandatario a partir del primero de
enero de 2017.
Recordemos que en Colombia la Ley 1757 de
2015 promueve, protege y garantiza la posibilidad de que los ciudadanos se
organicen y puedan ejercer el control político, en este caso, mediante la
revocatoria del mandato, y aunque es una ley que nació en la década de los 90,
hacia el año pasado tuvo unas modificaciones sustanciales que ahora sí pueden
dejar a cualquier mandatario de patitas en la calle y por fuera de su ejercicio
como gobernante por la voluntad del elector (en este caso el elector
arrepentido).
Pero este desencantamiento no se produjo de
forma gratuita, ni la inconformidad general de los bogotanos que se ve
reflejada en las encuestas. El alcalde, abanderado de liderar la promoción de
los buses BTR (Transmilenio) en el mundo – a través de la fundación para la que
trabaja mientras no está en campaña- no ha podido cambiar la percepción
negativa que esta ciudad de más de ocho millones de habitantes tiene sobre él, con tan solo un 25% de aprobación de su
gestión y un tortuoso 69% de desfavorabilidad en casi un año de mandato.
Lo anterior es fácil de explicar si se tiene
en cuenta, por ejemplo, el manejo deplorable de la situación en la que quedaron
los cientos de habitantes de calle que salieron del Bronx luego de los
operativos en los que, evidentemente, hubo una improvisación en la intervención
social, o el desprecio por la institucionalidad y la academia al desestimar los
estudios sobre la reserva Thomas Van Der Hammen que el señor alcalde busca
urbanizar a toda costa, sin olvidar que con la ayuda del concejo de la ciudad
se le están aprobando casi sin cuestionamientos (invisibilizando a la poca
oposición) proyectos como la privatización de la ETB y EEB, lo que sutilmente
han llamado “democratización”.
Con esa palabra nefasta empezó la perdida de
empresas como Telecom, Ecopetrol y la venta de la salud al sistema de EPS,
entre otras, y si todo esto fuera poco, desechó los estudios del metro
subterráneo que le costaron a usted, a mí y a nuestros hijos más de 130 mil
millones de pesos, para salir con su idea de un metro elevado que además nos
obligará a pagar otros 23 mil millones por nuevos estudios. Si eso no es
improvisar ¿qué es? Y se termina uno preguntando: y a estas alturas los
organismos de control como la Procuraduría, la Contraloría y la Personería de
Bogotá, ¿dónde están? ¿Será que hay intereses o plata de por medio para tanto
silencio y complacencia?
En concreto, a partir del primero de enero
se empieza a mover una revocatoria del mandato de Peñalosa, en la cual
se necesita que el 30% de los inscritos en el censo electoral de la elección
firmen la solicitud para iniciar el proceso, es decir, unas 271.817 firmas, y
que al momento de la votación participe el 40% de los votantes de esa elección
donde Peñalosa ganó; significa que se requiere la participación de 1.092.229
votantes y que de ellos, 546.115 voten a favor de la terminación del mandato, y
habrá culminado así la historia del segundo período del alcalde Peñalosa en el
Palacio de Liévano.
La tarea, obviamente, no es fácil, pero ya
hay invitaciones a conformar los llamados cabildos abiertos donde sea la
ciudadanía indignada por estos abusos de poder, la que tenga la oportunidad de
hacer comités, participar y planear las estrategias de dicha revocatoria. Por
ahora, ya han iniciado la tarea, liderados por el grupo de ciudadanos de
“Revoquemos a Peñalosa”, quienes programan un gran conversatorio sobre
revocatoria para finales de noviembre; con más de 115 mil seguidores en sus
redes sociales y con un alcance de más de 300 mil personas semanalmente,
auguran una dura pelea en la contienda democrática.
Lo único que debemos
exigir los habitantes de la capital, sin importar la orilla en la que nos
encontremos, es que se garantice el derecho de la ciudadanía a ejercer su papel
como actor político decidiendo la continuidad o no de Peñalosa en la
Alcaldía Mayor, y este llamado tiene que ver con lo difícil que es hacer
oposición o pedir que se respete el derecho a la participación política en
nuestro país.
Hace apenas unas semanas estos muchachos
líderes del movimiento revocatorio, fueron detenidos injustamente por miembros
de la Policía Metropolitana mientras se encontraban en Corferias en un evento
de la alcaldía (sin intervenir en el acto) sin recibir una explicación a su
detención y teniendo que permanecer horas despojados de sus pertenencias y
sintiendo los obstáculos impuestos por quienes deberían ser los principales
garantes de la seguridad personal y democrática; todo ello se evidencia en el
video subido a su página en Facebook.
Habrá una estampida en Bogotá y no es
precisamente de venados, como lo quisiera el alcalde.
Con la Oreja Roja - En enero, Peñalosa dijo que “no sería raro que pronto tuviéramos venados en los cerros y calles de Bogotá”. Los venados no aparecieron, ...
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