Todo depende de la unidad
A pesar de que en principio conseguir las
firmas parece fácil, cada comité promotor necesita conseguirlas por
aparte, y si no se ponen de acuerdo pueden terminar fracasando. Como todos
tienen de alguna manera raíces en la izquierda (hay petristas
de base, está el sindicato de la ETB y hay otros militantes de izquierda),
es fácil que terminen buscando las firmas de la misma gente.
Liderar un comité puede dar visibilidad
política, y permite definir la narrativa del proceso, definiendo cuáles son los
argumentos más fuertes para la revocatoria, algo políticamente muy valioso
porque ayuda a definir la agenda de la opinión sobre Bogotá y sobre Peñalosa.
Por ejemplo, para el sindicato de la ETB es clave que
sea central la crítica de privatizador, algo que no necesariamente
es tan importante para los animalistas.
Y hay una decisión estratégica sobre la
narrativa de la campaña que definirá el grupo que tome más fuerza: ¿es sobre
Peñalosa "el privatizador" o sobre Peñalosa "el que solo le
importa el cemento"? De cómo se enfoque la campaña dependerá en parte
su éxito, y eso está en juego.
Por eso, hay un incentivo para que los
comités sigan adelante, cada uno por su lado.
Además el antipeñalosismo es muy diverso, y hay peleas que pueden no
afectar a todos de la misma manera, pues los indignados por la urbanización de
la Van der Hammen no son necesariamente los mismos que rechazan la venta de la
ETB.
Sin embargo, todos coinciden en rechazar el
timonazo que dio Peñalosa frente a su poco popular antecesor, Petro. Y no le ayuda que el actual alcalde no
tuvo luna de miel con la opinión por las múltiples peleas que inició recién
posesionado.
Entre enero y marzo dijo que había que urbanizar la reserva Thomas van der Hammen, lo
que despertó enormes molestias entre ambientalistas y ciudadanos preocupados
por el ambiente; que la ciudad debía crecer hacia los municipios
vecinos, lo que molestó a alcaldes vecinos; que había que cambiar la
administración de los hospitales públicos, con lo que despertó molestias entre
algunos sectores vinculados a la salud; o que tocaba revisar el proyecto del metro, lo que
le valió críticas de petristas y ciudadanos preocupados por la mala movilidad.
Todas esas peleas permitieron que el frente
de oposición fuera amplio y estuviera activo, hasta el punto de que en ese
momento empezó a armarse el primer grupo para revocarlo, que encabeza
Leonardo Puentes, un músico y profesor de izquierda cercano al petrismo,
que defendió la continuidad del gobierno Petro cuando fue suspendido. Ese
grupo, llamado Revoquemos
a Peñalosa, es el que más ha sonado en medios, pero no
necesariamente el que tiene más fuerza.
El otro que pinta poderoso, y quizás más, es
el llamado Unidos Revocamos, que
tiene menos visibilidad en redes sociales pero tiene la ventaja de
arrancar con el músculo organizativo de varios sindicatos como Sintrateléfonos
(que está particularmente incentivado porque se juega la vida con la venta de
la ETB) o la Asociación Distrital de Educadores (que tiene a un concejal,
Álvaro Argote), y de organizaciones de estudiantes como la Federación de
Estudiantes.
Según Sergio
Fernández, del Polo y una de las cabezas de este grupo, los sindicatos ya
dijeron que van a poner a 200 personas a recoger firmas todos los días, la
cuota inicial de la logística que se necesita para sacar adelante la primera
parte de la revocatoria.
Pero no se trata solo de sindicatos. Unidos
Revocamos incluye a miembros del Polo (especialmente el Moir de Jorge Robledo),
del liberalismo, de Marcha Patriótica y del Congreso de los Pueblos y de
otros movimientos como el Partido de los Trabajadores, y al profesor Carlos
Carrillo, conocido porque fue quien reveló la inexistencia del doctorado de
Peñalosa.
Ese grupo hasta ahora ha funcionado a
partir de asambleas y no tiene un vocero único,
decisiones que tomaron para que ningún sector tome preeminencia y así mantener
esa unidad - pues sin unidad es difícil incluso que logren recoger firmas.
Más porque la revocatoria va a avanzar
cuando arranquen las pre campañas para las elecciones de 2018, lo que le pone
un trasfondo político más enredado.
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