Cuatro grupos de ciudadanos han iniciado ante la Registraduría Distrital
las gestiones para adelantar la recolección de firmas (279.000 en cifras
redondas, como mínimo) que permitan convocar a un referendo revocatorio del
mandato del alcalde Peñalosa. De inmediato, los amigos del alcalde, que por
supuesto están en su derecho de defenderlo, han iniciado la trivialización de
la revocatoria, reduciendo el carácter de la iniciativa a una pugna personal
entre exalcalde y alcalde. Así, los partidarios del alcalde Peñalosa atribuyen
al exalcalde Petro la inspiración del movimiento revocatorio.
Aunque el alcalde Peñalosa ha declarado que su baja popularidad obedece
“a la guerra que me están haciendo los opositores (léase petristas) en las
redes sociales”, dudo mucho que se les pueda achacar a las opiniones del
exalcalde Gustavo Petro y de sus seguidores la culpa de que, al concluir su
primer año de gestión, la favorabilidad de la administración Peñalosa haya
caído al 14 %, que lo ubica como el peor alcalde del país, de acuerdo con las
encuestas a nivel local y nacional. A nadie le descomponen la imagen a ese
grado por lo que se diga en las redes sociales, como tampoco se la componen los
publirreportajes, el autobombo ni el trato benévolo de los medios. Es la
percepción ciudadana acerca del manejo que se le está dando a los asuntos de la
urbe lo que marca en el medidor de popularidad o impopularidad del gobernante.
Mi querido amigo Víctor Manuel
Ruiz pregunta desconcertado en su columna de este diario (4 de enero del 2017)
“cuál será la argumentación concisa, puntual, legalmente sustentada e
irrefutablemente probada, de las razones en que fundamentan el pedido
revocatorio de un funcionario que a ojos vistas está haciendo bien su tarea”.
Se le puede responder que “a ojos vistas” vemos un descontento general con la
tarea que el alcalde Peñalosa no está haciendo nada bien y que ha suscitado un
movimiento cívico para promover su revocatoria.
El primer argumento en tal sentido es la obstinada
manía peñalosista de engañar y mentirles a los bogotanos. En su exitosa campaña
electoral de 1997 prometió que sería recordado como el alcalde que hizo el
metro de Bogotá (la primera línea, se entiende), pero a la hora de la verdad
metió gato por liebre y en vez de metro zampó el TransMilenio por una vía que
no era la adecuada para ese tipo de transporte. Les hizo creer a los bogotanos
que su gestión en la alcaldía se tenía en el mundo como un paradigma de buena
administración y que TransMilenio resolvería para siempre el problema de
movilidad en Bogotá. Nada de eso resultó cierto. TransMilenio por la Caracas ha
sido un desastre. Si Víctor Manuel se da un paseo por esa troncal, bien sea en
los buses o en automóvil por las paralelas, podrá comprobar que las calzadas de
TransMilenio se encuentran cuasi colapsadas, y que su reparación eficaz tendrá
un costo que asusta. Aparte del que ya han tenido y seguirán teniendo las
encantadoras losas de relleno fluido.
En la lujosa revista de autopromoción que publicó con el
título de ‘Bogotá, lista para la gran transformación’ se dedica un capítulo al
metro elevado que comenzará a construirse (¿será?) en el 2018. Y se gasta una
página ilustrada en mostrar cómo el metro elevado existe en las principales
ciudades del mundo (París, Dubái, Santiago, Berlín, Nueva York, Río de Janeiro,
etc.), dejando la sensación de que esas ciudades utilizan el metro elevado como
componente principal de su sistema masivo de transporte, cuando en la realidad,
y en ninguna de ellas, el metro elevado ocupa más del cinco por ciento de las
líneas, que son subterráneas en un noventa y cinco por ciento. ¿No hay aquí un
modo de engaño? También dice el alcalde Peñalosa: “La diferencia entre este
metro y todos los anteriores es que este SÍ se va a hacer”. Eso mismo dijo en
1997. ¿Por qué no lo hizo entonces, que era más barato y contaba con óptimos
estudios de factibilidad? Un parrafito que llena de dudas en lo pertinente al
metro elevado reza: “La alcaldía de Peñalosa le metió el acelerador a fondo. Y
si todo marcha como está previsto, el metro comenzará a construirse en 2018 y
entrará en funcionamiento en 2022”. ¿Y si todo no marcha como está previsto,
nos contentaremos con el TransMilenio? Por otra parte, cuatro años para
construir una modesta línea de metro elevado, cuando en Panamá, en los mismos
cuatro años, hicieron dos líneas de metro subterráneo, nos susurran que, en
algún momento, no todo le saldrá al metro elevado como está previsto.
El segundo argumento para promover la revocatoria es
el de que en su exitosa campaña electoral del 2015, Peñalosa aseguró que haría
el metro subterráneo de Bogotá, y nunca dijo que
pensara hacerlo elevado, vender la ETB, feriar las acciones de la EEB,
urbanizar la reserva ecológica Van der Hammen y construir una troncal en la
carrera 7.a.
Muchos ciudadanos pensamos que el metro elevado, suponiendo que se haga,
será una obra costosa e inútil. No contribuirá a la mínima solución de los
problemas de movilidad de pasajeros en Bogotá, dañará el paisaje urbano y desvalorizará
los terrenos por donde pase, como sucedió con las propiedades que están a lado
y lado del TransMilenio en la Caracas. Pensamos que convertir la carrera 7.a en
una troncal de TransMilenio replicará por cien el desastre de la Caracas y
provocará un caos inimaginable. No entendemos por qué se desistió de la
indispensable troncal de la avenida 68 para optar por la innecesaria y dañina
troncal por la 7.a.
3º. Creemos que urbanizar la reserva ecológica Van der Hammen arruinará uno de los pulmones que le
quedan a Bogotá. El argumento insensato de que no hay tal reserva sino un
potrero sin árboles, precisamente debe determinar el siguiente paso: llenar de
árboles la reserva y crear las condiciones para convertirla en un parque
ecológico monumental, único en América.
Tenemos además la convicción, sustentada en los estudios ya realizados
en años anteriores, y aprobados por las instancias técnicas y económicas, más
la experiencia asentada en las grandes capitales, de que el metro subterráneo
es la solución real para el problema de movilidad masiva de pasajeros en
Bogotá. Sostenemos finalmente que vender los bienes de la ciudad es el peor
negocio para nuestra capital. Como decía
el presidente Eustorgio Salgar (1870-1872), “el que vende sus bienes se
empobrece”.
No puedo, en una columna de prensa, exponer esos argumentos con la
amplitud que razonablemente exige mi amigo Víctor Manuel. Supongo que en el
curso del proceso habrá los debates necesarios, e intensos, en los que los
promotores y los contradictores de la revocatoria expondrán cada uno ‘in
extenso’ sus motivos, con tanta claridad que les permita a los ciudadanos tomar
una decisión justa en el momento de decir sí o no a la remoción del alcalde Peñalosa.
Siempre pensando en qué es lo mejor para Bogotá y para los bogotanos, y no en
rivalidades infantiles ni en tontos personalismos. Enrique Santos Molano
Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales - Así, los partidarios del alcalde Peñalosa atribuyen al exalcalde Petro la ... bien y que ha suscitado un movimiento cívico para promover su revocatoria.
La revocatoria de Peñalosa
La Nación - La revocatoria de Peñalosa. Víctor Manuel Ruiz. vimaruiz@hotmail.com. Diario El Tiempo de Colombia. Como debería saberse, los mecanismos de
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