Que el desempeño de la administración Peñalosa
en su primer año ha sido pobre, es la sensación que se tiene en la calle, como
Vladdo la registra en su columna de EL TIEMPO (11 de enero del 2017): “Necesitaría todas las páginas de este
periódico para citar los numerosos casos de moral relativa que nos agobian,
pero quiero concluir por ahora con quienes pregonan el fracaso del posconflicto
–que no ha cumplido ni un mes— pero que a la vez piden paciencia con el pobre
desempeño de Peñalosa, porque ‘apenas’
lleva un año”.
El presidente de ProBogotá Región, Luis
Guillermo Plata, considera en una columna que publica este diario (12 de enero
del 2017) que el movimiento para propiciar la revocatoria de Peñalosa, “suena más a estrategia con sesgo ideológico de la oposición que a
una intención clara de la ciudadanía de sancionar a su gobernante por incumplir
o por tener un pobre desempeño administrativo. En ProBogotá creemos que revocar
a Peñalosa por motivos ideológicos es un precedente fatal para la
gobernabilidad de las ciudades”.
Desde luego, en ProBogotá pueden creer lo
que quieran, pero no está bien tratar de hacerles creer a los demás que lo que
ellos creen es la verdad absoluta y punto; por ejemplo, atribuirle sin más ni
más un sesgo ideológico al movimiento revocatorio, promovido “por la
oposición”, y exponer argumentos de tanta pobreza, sin sustento alguno, para
hacer tales afirmaciones.
¿Qué sesgo ideológico puede haber en una
discusión sobre la conveniencia o
inconveniencia de meter en la 7.ª el TransMilenio pesado, decisión del
alcalde que alguien insospechable de escribir con sesgos ideológicos, como
Armando Silva, ha calificado con certeza magistral como “una infamia”? Eso es
precisamente lo que, quienes consideramos oportuno un movimiento revocatorio
del alcalde Peñalosa, queremos evitar, entre otras cosas: que se cometa contra
Bogotá la infamia urbanística de quebrarle su columna vertebral, la avenida
7.ª. Una infamia, como lo sería la de quebrarle a alguien la columna para
obligarlo a meterse en una camisa que no le entra. Si el alcalde Peñalosa, los
miembros del Concejo de Bogotá o el presidente de ProBogotá no tienen idea del
papel que cumple la columna vertebral en el organismo, el doctor Fernández,
médico de EL TIEMPO, podría darles una explicación precisa, reveladora, amena.
Y sin sesgo ideológico.
Quizá el presidente de ProBogotá ve en la
propuesta de revocatoria actual el sesgo ideológico que sí fue evidente cuando
se intentó la del alcalde Petro. ¿Tendrán sesgo ideológico ciudadanos que solo
aspiran al bien de Bogotá con la defensa
de la reserva ecológica Van der Hammen, o exigen el cumplimiento de la
septuagenaria aspiración bogotana de dotar a la capital de un metro subterráneo, como lo poseen las
grandes capitales, que sin ese medio de transporte masivo, el más eficiente y
eficaz que se conoce, padecerían el mismo problema de paraplejismo que afecta a
Bogotá por la falta de un sistema de metro subterráneo? ¿Qué sesgo ideológico
le ve el presidente de ProBogotá a la actitud de pedir que no se vendan los
bienes productivos de la ciudad?
Que el desempeño de la administración Peñalosa
en su primer año ha sido pobre, es la sensación que se tiene en la calle, como
Vladdo la registra en su columna de EL TIEMPO (11 de enero del 2017):
“Necesitaría todas las páginas de este periódico para citar los numerosos casos
de moral relativa que nos agobian, pero quiero concluir por ahora con quienes
pregonan el fracaso del posconflicto –que no ha cumplido ni un mes— pero que a
la vez piden paciencia con el pobre desempeño de Peñalosa, porque ‘apenas’ lleva un año”.
Un ejemplo de ese “pobre desempeño” lo
mostró la magnífica crónica de este diario sobre el caos desatado en la carrera 7.ª, entre las calles 19 y 24, que
desde hace un año parecen dejadas de las manos de Dios y del Alcalde, como
podemos comprobarlo a diario los
habitantes de la calle. La alcaldía anterior concluyó y les entregó a los
ciudadanos el tramo peatonal entre la plaza de Bolívar y la avenida Jiménez,
que la ciudadanía ve hoy con orgullo y disfruta con placer como uno de los
lugares amables y atractivos de la capital. Se suponía que la nueva
administración debería continuar la peatonalización y entregarla terminada,
entre la avenida Jiménez y la calle 24, en el primer año de gobierno del
alcalde Peñalosa. Pasó ese año, y no solamente ni siquiera se empezaron los
trabajos de continuidad, sino que se descuidó la 7.ª, a tal punto que se ha
convertido en un bazar infernal de ruido, basuras, vendedores con parlantes a
todo volumen que ofrecen mangos y otras frutas delicadas. El calificativo que
puede aplicársele ahora al sector histórico de la carrera 7.ª, al cabo de un
año de “la Bogotá mejor para todos”, es el de asqueroso. La funcionaria que
dirige la Secretaría de Hábitat dice con desfachatez admirable que “se va a
recuperar” la 7.ª, aunque no explica cómo. La única forma de lograr esa
recuperación es continuando los trabajos iniciados por la administración
precedente y llevándolos a término de acuerdo con los diseños originales.
No hay, pues, ningún sesgo ideológico en la
propuesta de revocatoria del alcalde de Bogotá. Es una
herramienta constitucional que, más allá de que se logre o no se logre la
revocatoria, tiene el propósito fundamental de producir un debate amplio,
sonoro, en el que participen los habitantes y en el que la ciudadanía tome
conciencia de sí misma y diga, con conocimiento y razones, Sí o No al plan de
desarrollo que impulsa Peñalosa.
Tendremos seis meses para hacer ese debate,
democrático como el que más, y que definirá el destino de nuestra capital en el
siglo XXI. Enrique Santos
Molano
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