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El desdén de los partidos' Cicerón Flórez Moya

   Por: Cicerón Flórez Moya – cflorez@laopnion.com.co
   Los partidos Liberal y Conservador han tenido el monopolio político de la nación. Usufructuaron los beneficios del poder desde la fundación de la República. También fueron protagonistas de guerras civiles, pero así mismo se han reconciliado, en otras ocasiones para repartirse paritariamente la burocracia y el presupuesto, como lo hicieron con el  Frente Nacional entre los años 1958 y 1974, tras el cruento período de sectarismo que atizó la violencia desde el Gobierno en los cuatrienios presidenciales de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez.
   La hegemonía de liberales y conservadores en Colombia comenzó a resquebrajarse a finales del  siglo XX con la aparición de nuevas corrientes. 
   Al Partido Comunista, que hace su aparición en los años 30 del siglo XX siguieron Alianza Nacional Popular (Anapo), Unión Patriótica, Polo Democrático Alternativo, Cambio Radical, Partido Social de Unidad Nacional (U), Opción Ciudadana, Alianza Verde, Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (Mira), Alianza Social Independiente de Autoridades Indígenas de Colombia (Aico),  Fundación Ébano por Colombia, Movimiento Alternativo Indígena y Social, Ciudadanos Progresistas, además de otras vertientes. Las divisiones internas de las colectividades han generado disidencias que muchas veces se quedan como movimientos electorales con capacidad de ganar curules en las corporaciones públicas o de acceder a la contratación oficial y al reparto de la torta burocrática.
   La generación de nuevas fuerzas de opinión ciudadana  no ha representado el fortalecimiento ideológico de las colectividades que dicen tener opción de Gobierno. Mientras se han debilitado liberales y conservadores a pesar de disponer de poder, las otras corrientes partidistas tampoco muestran un rumbo que los articule a los nuevos desarrollos que requiere Colombia.
   La realidad es que los partidos están en crisis. Carecen de influencia real. Les falta asumir compromisos más decisivos con la nación. Defienden la paz, pero no se apartan de las prácticas políticas que les hacen daño a la nación. Son complacientes con actos de corrupción y sus protagonistas y se quedan cortos en la defensa de la democracia y de los intereses colectivos.
   De otra parte, los partidos no solamente han perdido unidad, sino también autoridad. Los propios dirigentes actúan en forma contraria a lo que se deciden sus órganos de dirección. Es una cadena de contradicciones que pone en evidencia el capricho individual.
   Cuando Colombia asiste a uno de sus momentos más decisivos, como es la búsqueda de una paz estable y duradera, los partidos se alinean en el común denominador del desdén. Los unos atravesándose a los acuerdos y los otros evidenciando su falta de músculo político para defender la causa de la erradicación definitiva de la guerra.

   Para consolidar la democracia se necesitan partidos que estén en esa vertiente con ánimo militante.


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