La división que se ha ido configurando en el
país con los serios acontecimientos recientes es sólo un síntoma crónico y
recurrente de un problema tan antiguo como la historia de nuestra república.
Una república que comenzó con un puñado de personajes sustentando la lucha
contra la corona española, a la vez que se aseguraban eficientemente y
amparados en la ley, la protección de los privilegios que esa misma corona
española llena de chapetones, imperialistas, enemigos de la libertad individual
y empresarial les habían otorgado… un gran absurdo, pero así comenzó esto.
Nacionalismos impulsados por militares venezolanos,
la aristocracia peruana y por supuesto el hombre de la ley, señor Santander y
su séquito de hacendados, fracturaron la posibilidad de consolidar esa Gran
Colombia. Por el contrario, dejó bien parada a la división como un fenómeno de
acción política muy eficaz para un grupo privilegiado. La división terminó por
marcar lo que se constituiría en la forma de hacer política en nuestra región,
una forma que ya tenía clara Julio César y que reafirmaría Nicólas de
Maquiavelo con sus famosos “divide y vencerás”, “divide y reinarás”.
En Colombia, las guerras civiles del siglo
XIX y la guerra bipartidista del siglo XX son pruebas fehacientes de ello. No
obstante, mientras más nos alejamos del reconocimiento histórico, queda menos
escenario para la memoria, pues cuando algún experto cuenta la historia
equivocadamente o convenientemente, los protagonistas saltan, corrigen o
desmienten, pero hoy parece que preferimos seguir embaucados en un eterno
presente, que nos satura de información, que quiere renovación veloz de
mensajes, posteos, trinos, anuncios, comunicados, artículos y que insiste en la
vieja táctica de dividir, antes que permitir detenernos y pensar… tan sólo un
poco, pero pensar.
A propósito del plebiscito y todo el tema de
los acuerdos, se puede observar sin mayor análisis que la división que se
gestó, que se sigue gestando y moviendo a personas incautas que creen que la
política es un partido de fútbol donde solo las pasiones entran en juego y se
dedican a apoyar con amor u odio cualquiera de las causas que les presenten,
fue la estrategia no sólo del uribismo, sino que sigue siendo la estrategia de
Santos para que las decisiones más fundamentales se tomen a puerta cerrada,
lejos de los pobres diablos. Hoy la consigna “divide y reinarás” sigue más viva
que nunca, pues mientras en Colombia los pobres diablos nos dedicamos a tomar
partido en las peleas políticas ficticias que nos presentan, el escenario económico,
el que realmente implica un efecto trascendente en la política y el interés
común, está totalmente despolitizado, en manos “de expertos” o, mejor, de un
grupo privilegiado.
Lo que tienen en común Santos y Uribe es que
ambos representan grupos de poder y que todos sus amiguitos empresarios (y no
me refiero al colombiano emprendedor que tiene una pequeña empresa, ¡¡vale la
aclaración!!) necesitan sí o sí una reforma tributaria. Una reforma que como
bien diría en un medio masivo el rector de la Universidad del Rosario, le
pongan lo que le pongan, sin el aumento del IVA no serviría de nada. Por tal
motivo, ¿qué conclusión nos dejan? Los del sí, los del no y los despistados,
pagaremos juntitos la andanada de impuestos que se nos viene encima.
¿Para qué sirve dividir a los pobres diablos? Para poder gobernar con
democracia… y gobernar con democracia hoy significa que tenemos permiso para
insultarnos, para matarnos, para abrazarnos siempre y cuando no les toquemos su
pedazo de economía liberal, que ha demostrado ser tan fracasada como todos los
intentos de socialismo. La ingenuidad de la izquierda es que siempre politiza
la economía, pero aquí en Colombia, la economía en manos de “expertos y sabios
libertinos” nunca ha estado politizada… por eso es importante mantener a los
pobres diablos los unos contra los otros, porque así siguen distraídos, porque
así “van emberracados a
las urnas” como diría Juan
Carlos Vélez. Así los pobres diablos olvidan la mansión por cárcel de los
responsables del desfalco de interbolsa, o se olvidan de los Nule que ahora
están “relax” en su casita, o ni preguntan por los hombres invisibles de
Reficar que dejaron ese hueco fiscal que hoy hunde nuestra economía…
La división en debates ficticios ha sido la
estrategia de un grupo privilegiado que ante las cámaras sale odiándose, pero
que luego se abraza en el Nogal o en la finquita de la Vega o en la partida de
Golf, ¿o no ven cómo le fue de bien a Carlos Calero?
Ese grupo privilegiado que parece golpearse
en público, vive sonriendo a puerta cerrada, claro está, celebrando por el
triunfo histórico y crónico de mantener divididos a los pobres diablos y así
perpetuar el escenario económico despolitizado… ¿Cuántas veces más nos tiene
que pasar? Pasó en la Independencia, pasó con las guerras civiles, pasó con la
guerra bipartidista, pasó con el Sí y el No… ¿qué más queremos los pobres
diablos para comprender que no tenemos razones políticas para dividirnos sino
más bien unirnos contra ese juego macabro que hoy llaman democracia? Pasará el
tiempo y ya veremos. Por lo pronto, la reforma tributaria, como gran premio a
la corrupción que produce el modelo liberal económico, la pagaremos sin prisa
pero sin pausa, todos y cada uno; que no vengan a engañarlo los mamertos de
izquierda diciendo que la reforma es por el gasto militar, o que no lo engañen
los mamertos de derecha diciendo que la reforma es para pagar a las
farrrr… Ay, dejen la pendejada.

Comentarios
Publicar un comentario